Una carta de amor a la fruta y al exceso gráfico, este libro traza un lenguaje de diseño personal arraigado en los mercados callejeros colombianos, volantes improvisados y la abundancia cotidiana. Nacido de recuerdos de la infancia y moldeado por el caos visual de los puestos de fruta, celebra el afecto, la urgencia y el poder bruto del diseño informal.
Dios bendiga la fruta—y las manos que la cultivan.